lunes, 10 de agosto de 2009

Narración de Historias



Dios ha puesto en el corazón del hombre un interés innegable hacia sus semejantes. La mayoría de los relatos nos hablan de ciertas personas y de lo que han hecho. Como consecuencia a todo el mundo le gusta escuchar los relatos, especialmente los niños se sienten encantados al escuchar un relato, y si somos hábiles, podemos mantener completamente su atención mientras les contamos una historia.










Estos son los siete puntos esenciales para la buena narración de una historia:







- Seleccionar el relato.
- Conocerlo.
- Sentirlo.
- Analizarlo y bosquejarlo.
- Modificarlo de acuerdo con las necesidades
- Presentarlo en forma sencilla, directa y expresiva.
- Tener un propósito.








a. ¿De dónde selecciono el relato? Si bien es cierto que es algo escaso el material adecuado de que dispone el castellano, hay fuentes que indudable valor:




La Biblia, en primer lugar, es una riquísima mina de relatos excelentes.
Nuestros libros juveniles y revistas, en segundo lugar.
La serie el "Gran Conflicto" escrito por nuestra hermana Elena de White.
Las misiones, la historia d ella Iglesia, la historia secular y las experiencias propias del narrador.
Otra fuente es la naturaleza.








b. ¿Cómo lo conozco? El conocimiento de la historia implica que debes de leerla cuidadosamente y releerla varias veces. También debes obligar a tu memoria a que la retenga en líneas generales (la memoria es una facultad dócil: retiene lo que le ordenas que guarde, pero es completamente ineficaz si desconfías de ella). Una vez aprendida, debes practicarla en voz alta, esto es muy importante, pues proporciona una fluidez y naturalidad que difícilmente puedes alcanzar de otra manera. Si tienes la suerte de contar con un amigo o pariente, de buen juicio, bien provisto de paciencia y que este dispuesto a escuchar tus prácticas, tanto mejor. Las críticas que recibas son de un valor positivo, ya que con ellas iras eliminando errores que afean la narración. Este requisito implica no sólo el conocimiento de los puntos resaltantes, sino también de algunos detalles y expresiones faciales, que añaden mucho a la belleza del relato y que conviene que recuerdes.








c. ¿Cómo sentirlo? Tienes que sentir la historia. No sólo hay que repetir las palabras, sino también ver la escena en nuestra mente y sentirla en nuestro ser: a esto se le llama "VIVIR EL RELATO". Tienes que emplear la imaginación. Al narrar un acontecimiento histórico, no debes usar esta facultad para inventar hechos, sino para darles vida. Si se trata de un relato antiguo, debes hacer lo posible por sentir la época en que se desarrolló. Si se refiere a un país lejano, debes reconstruir su ambiente, hasta donde sea posible. Este requisito de la narración de historias recibe a veces el nombre de sentido dramático. El don que crea el drama está presente, en mayor o en menor grado, en casi cada persona y su cultivo correcto y de dirección adecuada constituyen una parte resaltante de la preparación del narrador de historias. Y no sólo de éste, sino también del maestro y del predicador.








d. ¿Cómo lo analizo y lo bosquejo? En este caso, el verbo analizar implica que debes dividir la historia en partes o episodios y ver su ilación lógica. Cuando aprendes bien un relato, realizas inconscientemente ese análisis. Ahora bien, si haces esto con premeditación y orden, adquirirás un dominio completo de la narración y una soltura y naturalidad al contarla, que es difícil de obtener si no se recurre a este medio. El bosquejo es de análisis escrito. Es muy difícil que la inteligencia ordene con claridad y precisión las diferentes partes de todo un relato, sobre todo si este es largo. En cambio, una vez que tengas ante tu vista los diversos acápites y sus partes secundarias, la memoria retendrá fácilmente el bosquejo.








e. ¿Por qué modificarlo? Debes modificar la historia de acuerdo con las necesidades particulares de una situación determinada: especialmente la edad de los niños, cambio de estilo, selección del material adecuado, abreviación y amplificación. El estilo implica las palabras que tienes que usar, así como la forma de mejorar tu expresión. El tono en el que hablas, las inflexiones de tu voz, tus ademanes y aún los gestos de tu cara, en la medida de lo posible, deben estar regidos por un buen juicio. Los ensayos no están de más. Claro está que no has de llegar a extremos declamatorios.








f. ¿Por qué debo presentarlo en forma sencilla, directa y expresiva? El presentarlo en una forma sencilla significa que no debes utilizar palabras que desconozcan las personas que escucharan la historia. Debes ser directo en el punto que quieres resaltar y no dar tantas vueltas para llegar a la lección que quieres que tenga la historia. Tienes que darle expresión al relato, pero recuerda que un dramatismo exagerado es un error y la falta de este constituye la equivocación opuesta.








g. ¿Por qué mi historia debe tener un propósito? El propósito de la historia debe estar íntimamente relacionado con el punto culminante de la misma. Sin el uno, no puede existir el otro. Tu deseo debe ser enseñar nobles cualidades de carácter, inculcar en tus oyentes, de un modo especial, en los niños, motivos inspiradores para una vida elevada. Nuestro propósito es que admiren a los héroes que hacemos desfilar ante ellos. Y también procura que disfruten de una sana diversión. El propósito que tengas al contar una historia, en gran manera influye en la forma que das el relato. Muchas narraciones contienen más de una lección y la que hagas resaltar será la que produzca más impresión. De aquí que debas indagar cual es el fin que persigue la historia, para que puedas presentarla con claridad y con el énfasis debido.










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